Manuel Marsol y “Ahab y la Ballena Blanca”: “Creo que no hay una manera correcta de llegar a un dibujo, para mí el azar es tan importante o más que lo que buscamos conscientemente”

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El capitán Ahab está decidido a encontrar a Moby Dick y no se detendrá hasta dar con su vieja y gigantesca enemiga. Emprende una aventura llena de riesgos y emociones: monstruos marinos que lo atacan, peligrosas rayas al acecho, inexplicables icebergs calientes, cuevas habitadas por caníbales… pero ni rastro de la ballena. ¿En dónde tiene que buscar Ahab para encontrarla? Una mirada original y novedosa a uno de los clásicos más queridos de la literatura.

Así nos presenta Edelvives su tercer Premio Internacional de Álbum Ilustrado, “Ahab y la ballena blanca”, un magnífico trabajo de Manuel Marsol que no deja indiferente a ninguna de las personas que abren sus páginas y se sumergen en sus “aguas”. Con este ilustrador hemos charlado de los entresijos de este proyecto.

¿Cómo nació este proyecto? ¿Fue a raíz del premio o ya tenías algo previo? “Fue a raíz de leer la convocatoria del premio. Se pedía un álbum que estuviese basado en un mito, leyenda, cuento popular o historia conocida. Y pensé en Moby Dick, una de mis novelas preferidas. Su poder evocador es tan grande que puede considerarse un mito moderno a la altura de los clásicos griegos, pese a ser una novela escrita “sólo” hace 150 años. También se juntó que quería hacer un álbum sobre el mar, y aunque ya tenía algún proyecto de escuela en este sentido, aquí empecé de cero. La novela de Melville estaba de fondo, era la excusa, y de ella cogí sólo ciertas cosas como la atmósfera que yo recordaba cuando la leí por primera vez hace unos años”.

¿Cómo ha sido el proceso de elaboración de esta obra de arte? “Yo creo mucho en la capacidad de pensar a través del dibujo. Es decir, empezar a dibujar no teniendo demasiado claro a dónde vas a llegar. Antes de ponerme a dibujar no sabía que la historia acabaría siendo como fue finalmente. Dibujé con los recuerdos que yo tenía de Moby Dick, y con mi gusto por los misterios de las profundidades del mar. Para mí la atmósfera es importantísima para desencadenar la intuición. Te pongo un ejemplo: empecé a dibujar una ballena blanca gigante que emergía a la superficie, y ahí vi como una isla con palmeras, algo que se ha ilustrado en infinidad de ocasiones. Luego dibujé un acantilado con la forma redondeada de la cabeza de la ballena. En ese punto aún no sabía cómo sería la historia. Y poco a poco me di cuenta de la relación que había entre uno de los grandes temas de Moby Dick (la obsesión) y lo que yo estaba haciendo”.

“Y poco a poco, después de muchos dibujos que se salían del tema, y de bocetos del tamaño de un sello imaginando escenas de ballenas escondidas en el paisaje, la intuición se puso a trabajar y pensé que sería divertido ver a un Ahab obsesionado buscando algo que en realidad tenía siempre delante. El “accidente” es una parte importantísima de mi trabajo, pero también hubo mucho de documentación: leí monográficos sobre Moby Dick, volví a ver la peli de John Huston, a leer pasajes de la novela, referencias de todo tipo en internet… todo ayuda a que de repente, salte la chispa. Hay gente que funciona con una idea muy clara de lo que quiere contar y cómo lo quiere contar antes de ponerse. En mi caso dejo que mis obsesiones, la intuición y la documentación hagan el trabajo. Pero luego tengo un punto muy racional que me frena y me ordena a partes iguales. También me atasqué un montón de veces”.

¿Qué idea querías transmitir con esta historia? ¿Quizá que cuando nos obsesionamos con algo, no somos muy capaces de ver con claridad? “Yo quería transmitir sobre todo emociones relacionadas con mis recuerdos de infancia sobre el mar (la oscuridad, lo desconocido, lo fantástico, etc) y con eso que a uno se le queda cuando lee algo que le gusta y que luego le resulta imposible de contar con palabras. Me refiero a emociones relacionadas con Moby Dick que se habían quedado ahí al leer la novela. Como cuando sueñas algo y en tu cabeza está muy claro, pero tratas de contárselo a alguien y entonces deja de ser lo que era. En parte esa es la gracia del arte, tratar de expresar algo sin saber cómo. Pero es curioso que fuese saliendo a flote, como una ballena, el tema de la obsesión. Y no hablo tanto de la obsesión del Ahab de Melville, sino de la obsesión que yo mismo podía tener con querer hacer un trabajo bonito. Cualquiera que se dedique a la creación puede sentirse identificado con esa sensación de estar dando vueltas y vueltas a una idea y no dar con la tecla por la simple razón de estar encima de ella”.

“Me gusta pensar que el tema surgió del propio proceso, de esa sensación de estancarse frente a algo que te obsesiona y te ciega. Y cuando tomas distancia, o dejas de pensar tanto en ello (que en mi caso fue proponerme disfrutar de dibujar sin pensar demasiado en qué iba a salir de todo ello) de repente las piezas encajaron. Y luego hay una parte de misterio, de lo inexplicable que es el mundo (en este caso el mar) que tiene unas reglas propias que nunca vamos a entender. Eso que sentía de niño cuando buceaba con mi hermana, un lugar tan cotidiano como fantástico, donde una medusa podía ser también una invasión extraterrestre de huevos fritos (cualquiera que se haya bañado en el mar menor de Murcia en los 90 con sus plagas veraniegas sabe de lo que hablo)”.

¿Qué nos puedes contar de las ilustraciones? ¿Qué tienen de característico? ¿Están en la línea de otros trabajos? “Me resulta muy complicado decir qué tiene de característico mi trabajo. Puedo hablar de lo que me interesa conseguir, que supongo que será parecido a lo que busca cualquier persona que se dedica a esta profesión. Y tiene que ver con encontrar una manera de expresarte que no esté trillada, que no se recree demasiado en sí misma, que no caiga en el virtuosismo. Yo no soy un gran dibujante, no domino el estilo realista, pero me gusta eso que alguien dijo de que nuestros defectos hacen nuestro estilo. A mi me gusta mucho jugar con el accidente, con manchas que sugieren formas mucho más interesantes de lo que yo sería capaz de dibujar de manera consciente. En el arte me suele interesar esa mezcla entre control y descontrol que tienen pintores como Picasso o Bacon. Prefiero que la emoción prevalezca sobre el exceso de control de la obra, sobre la floritura. Y en estas ilustraciones de “Ahab y la Ballena Blanca” hay mucho de azar, muchas pruebas, errores, y también mucho accidente digital (por ponerle un nombre). Hablo de digitalizar un dibujo y empezar a tocarlo sin saber muy bien dónde acabará y de repente sorprenderte hasta el punto de pensar “esto no lo he hecho yo” y esa sensación, que al principio me incomodaba, ahora me gusta. Creo que no hay una manera correcta de llegar a un dibujo, para mí el azar es tan importante o más que lo que buscamos conscientemente. Porque da lugar a la sorpresa”.

¿Con qué técnica trabajaste? ¿Es la que utilizas habitualmente? “Pues utilicé un poco de todo. Hay collage, acrílicos y algo de óleo, lápices, papel de lija, tinta china e incluso pintura plástica de pared. También hay mucho retoque y collage digital. Siempre he tirado por ahí, por ese mundo más matérico o pictórico. Pero me interesa ir cambiando, y últimamente he probado a hacer algunos proyectos directamente en digital, usar tintas limitadas, etc. Hay gente que le gusta probar una técnica diferente en cada álbum. Yo no llego a tanto, pero está bien variar para no perder la capacidad de sorpresa (no tanto para el público sino para uno mismo)”.

La textura de las páginas es una de las cosas que más llama la atención… ¿qué nos puedes contar de este aspecto? “Creo que en parte puede tener que ver con esa intención de transmitir el mundo del mar. La pintura desconchada de la madera de las barcas de pescadores, las algas sobre los ladrillos hundidos en el fondo, las escamas, las caracolas, los caparazones de los crustáceos, los tentáculos del pulpo, etc. Recuerdo perfectamente estar de pequeño mirando las algas a través de las gafas de bucear. Me tumbaba donde no cubría, y prácticamente tocaba el fondo con la nariz. De repente, aparecía un pez de debajo de la arena, o una caracola que creía vacía se ponía a andar dejando surcos sobre el suelo. Recuerdo también la sensación de tener peces en la mano (mújoles, para ser más concretos, o peces zorro que se escondían en los ladrillos), de la textura de la piel que a veces raspaba. O de las rocas de la playa, llenas de escondites. También tiene que ver con un tablero grande de madera que pinté con mi familia, lleno de peces (de hecho hay más de uno escondido por el álbum), donde pegábamos conchas, estrellas y caballitos secos que encontrábamos en la playa (sí, antes había muchísimos, hablo del año 89)”.

“Por otro lado, en algunas de esas texturas también hay mucha influencia del pintor abstracto madrileño López-Soldado. Crecí rodeado de sus cuadros, pues era uno de los mejores amigos de mi padre. Cuando dejé la publicidad para dedicarme de lleno a esto, pasé unos meses pintando con él y me enseñó algunas de sus técnicas. Yo las adopté de una manera natural, ya traía esa sensibilidad por lo orgánico, lo matérico y las texturas desde niño, pues su increíble mundo siempre me fascinó hasta el punto de pasar la mano por encima de sus cuadros, esculturas o cualquier cosa que hiciese. Por eso me gusta cuando veo que la gente pasa la mano por encima de la hoja del libro como esperando encontrarse con algo rugoso, esas sensaciones que yo tenía, por ejemplo, al sostener un pez”.

¿Qué pasó la primera vez que tuviste entre tus manos una joya editorial como esta? (A mi me lo parece) “Jaja, muchas gracias. Lo disfruté mucho, ¡es mi primer libro! aunque he de decir que también veo cosas que ahora cambiaría. Creo que, como le pasa a Ahab, hasta que no tome un poco de distancia no podré verlo en condiciones. Me gustaría pensar que es un libro para leer más de una vez, pues he querido esconder un montón de tesoros y secretos en él, siguiendo los pasos de Silver el Largo, Garfio o Le Chuck”.

¿Algún nuevo proyecto entre manos? “Sí, estoy acabando lo que será mi segundo álbum, que parte de las ilustraciones que seleccionaron en la Feria de Bologna de este año. Se llamará Astro, y tiene ciertas conexiones con Ahab y la Ballena Blanca. Pero esta vez los misterios no vienen del mar sino de arriba, del Espacio”.

“También trabajo en un álbum a partir de las ilustraciones que premiaron en el Catálogo Iberoamericano de Ilustración, de un gigante rojo con un árbol en la cabeza que guarda una casita de madera como un tesoro. Y tengo varios proyectos de distintos editores para ilustrar relatos de autores clásicos como Kafka. Mientras, sigo haciendo ilustraciones animadas para las tiendas Tiger”.

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Comments (2)

  • Jordi Rosique

    |

    Muy buena entrevista. Llena de detalles sobre “las tripas” (el proceso creativo) del libro, que a los lectores curiosos nos gusta conocer.

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    • redaccion

      |

      Muchas gracias por tu comentario Jordi.

      Reply

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